“La ciudad es el espacio público por excelencia”
La izquierda tradicional fue incorporando, desde inicios de este
siglo, prácticas participativas que mantuvieron la priorización de la justicia
social en los temas tradicionalmente tratados como prioritarios para el
mejoramiento de las condiciones de vida.
En los últimos años se sumó la categoría de “progresismo”, la cual concibe a la justicia social como una cuestión de redistribución económica ante todo. Esta fusión permitió que nuestro país tenga un
horizonte claro durante los 10 años de la Revolución Ciudadana, en cuanto a
planificación nacional.
¿Qué nos hace identificarnos con estas tendencias ideológicas que
priorizan lo social? Cuando pensamos en “izquierda”
la vinculamos con valores que van de la mano de la búsqueda de justicia social:
la equidad, la distribución equitativa, las reivindicaciones de causas
sociales, la vida digna.
Sin embargo, ¿no mantiene en
su discurso la derecha, también “progresista”, los mismos valores al referirse
a temas de ciudad? Si revisamos todos
los planes maestros de ciudad, particularmente en el caso de Quito, notaremos que incluyen estos criterios, además
de otros conceptos urbanos de avanzada, como sostenibilidad y mejoramiento de
la calidad de vida. Al mismo tiempo, el
concepto del Buen Vivir se incorporó en nuestro país a partir de una
Constitución progresista de izquierda, y engloba todas estas tendencias.
Algo similar sucede con la categoría de “participación”. Una gestión participativa implica
redistribución de poder; así, desde las tendencias más orientadas a la derecha
se propone la participación para descentralizar al Estado y restarle poder de
decisión y resolución de problemas urbanos; desde tendencias orientadas a la
izquierda, se orienta la gestión
participa es vista más bien como un proceso de articulación y acercamiento de
la ciudadanía al Estado y lo público, y de ahí la importancia de la
organización de la comunidad para lograr este vínculo.
Así, estos postulados son
utilizados para los temas urbanos independientemente de las posiciones
ideológicas.
Entonces, ¿cuáles dimensiones nos corresponde promocionar y
defender como ideas de izquierda progresista para nuestras ciudades?
- La revolución como estrategia de transformación y cambio.
- Los sectores populares.
Lo popular, en tanto categoría socioeconómica, se asocia directa y
exclusivamente con criterios de clase. Los sectores populares, que además son
mayoritarios, demandan condiciones de vida digna de las que el resto de
sectores ya han abastecido, como los servicios básicos, la legalización de sus
viviendas, el acceso a la educación. Las
necesidades de los sectores populares han sido una prioridad para el
pensamiento de izquierda, y la satisfacción de ellas debe seguir siendo una
prioridad, al igual que dignificar su presencia y permitir su voz en las decisiones
sobre los territorios.
Procurar la construcción de una izquierda incluyente con los
sentires culturales y diversos, incorporando elementos de distintas identidades
y formas de pensamiento que aporten a la construcción de sociedades más
equitativas. El papel de jóvenes y
mujeres en las luchas sociales es fundamental para la equidad.- La diversidad socioeconómica, pero también la cultural y etaria.
- Recuperar la dimensión ética de la política: la política como vocación de servicio.
Mantener coherencia entre lo escrito y lo que se hace. Muchas de las actuales ordenanzas tienen
criterios claros y novedosos, , pero no resultan exitosas en su aplicación y
menos aún en su control.
- Valores que propugnen la primacía del ser humano sobre el mercado y el capital.
Del mismo modo, que cada quien aporte con lo que le corresponde de
acuerdo a su salario y sus condiciones económicas. Es básico mejorar la recaudación tributaria,
y generar educación en el tema de modo que se pierda el miedo a las multas, y
se adopten mejores comportamientos. Los
peajes, por ejemplo, como fondos para
administrar vías para sus usuarios, y el deterioro urbano (físico,
contaminación por ruido y del aire, etc). Sin embargo, no se piensa en los
beneficios colectivos de estos aportes, por lo que urge superar el individualismo
neoliberal.
- Fortalecer la sociedad para la transformación ética
“Una revolución necesita al menos dos condiciones básicas:
transformar las instituciones y al sujeto” (plan de gobierno Alianza País, 2017-2021). Para
el efecto, son fundamentales la conformación de tejido organizativo y la
formación permanente para adquirir herramientas de participación, gestión y
veeduría de lo público.
En la actual coyuntura es prioritario recuperar la clase media
progresista que se alejó del proyecto político por falta de estrategia y
experiencia política de líderes, desacuerdos coyunturales, y otras causas diversas, y que es un apoyo importantísimo
para la consecución de la equidad y la justicia sociales.
- Mayor conciencia del significado de lo público, el bien común y los intereses colectivos. Colocar al espacio público como el eje articulador de lo urbano.
Actualmente existe desvinculación de la ciudadanía con los
espacios públicos, como generadores de vínculos y dinámicas sociales, necesarios
para la vida urbana. Urge reivindicar
los espacios públicos y vigorizar la presencia ciudadana en la actividad de la
ciudad. También es necesario generar las
condiciones de accesibilidad a todos los grupos sociales para la
democratización de este espacio. En este
sentido, el tema de la movilidad urbana está vinculado directamente con temas
de desigualdad y privilegios de minorías pudientes sobre mayorías: en Quito,
aproximadamente el 70% son usuarios de transporte colectivo, peatones y
ciclistas, pero el 30% del espacio público está destinado para ellos. Algo
similar sucede con el tema de las urbanizaciones cerradas y la falta de
espacios de encuentro colectivo.
La conciencia sobre lo público tiene un efecto positivo e
inmediato en el tema de seguridad: no basta la infraestructura (centros de
vigilancia policial, etc), la organización comunitaria es un puntal para
fortalecer las condiciones seguras en las calles.
- Participación ciudadana permanente
Invitar a participar no debe ser confundido con la conformación de
clientelas con fines electorales: temas sensibles, como el de la vivienda
digna, acarrean generalmente tendencias corporativistas y formaciones de
clientelas coyunturales.
El ejercicio del presupuesto participativo permite que los
recursos públicos se orienten al cumplimiento de demandas ciudadanas reales,
determinadas desde los actores-usuarios.
Este ejercicio es una oportunidad para ejercer equidad para el
desarrollo local, la priorización, la recuperación del debate público y del
lugar público.
- Planificación urbana con base a la equidad y la justicia social
Es prioritario el ordenamiento territorial y la planificación
ordenada, que no responda a egos de los gobernantes de turno, si no a las
necesidades reales de la ciudad. Se debe
hacer énfasis en combatir la especulación del suelo, con una gestión eficiente desde el GAD, que
democratice el acceso al suelo y la vivienda.
Los planes de uso y gestión del suelo para la construcción de
vivienda popular deben ubicarse en la medida de lo posible en sectores centrales
de la ciudad, donde ya exista cobertura de servicios básicos y se tienda a la
reducir los traslados. Además, deberán
procurar el equilibrio entre vivienda y espacios públicos.
Estas consideraciones se resumen en
lo que se desde las últimas décadas del siglo anterior se plantea como “derecho a la ciudad”, lo cual implica:
gestión democrática, priorización del
interés general al particular y garantía de un hábitat seguro y saludable, todo
ello procurado a partir de políticas de participación, seguridad, planes de movilidad
sostenible, anticipando a los grupos de atención prioritaria, revitalizando los
espacios públicos y generando vivienda digna y servida, con espacios de ocio y
recreativos, como necesidades básicas para el disfrute y la identificación con
la ciudad y los vecinos de ciudad.
Quito
Históricamente la izquierda ha mostrado
su preocupación en lo urbano por los temas de vivienda popular, segregación espacial y escasez de servicios
básicos. Actualmente, con una cobertura
promedio de 96% de servicios básicos (año 2014), es indispensable recoger desde la ciudadanía
prioridades y demandas adicionales:
C0BERTURA SERVICIOS BÁSICOS QUITO DM
|
%
|
AGUA - red pública
|
96,03%
|
BASURA - carro recolector
|
96,52%
|
ALCANTARILLADO – red publica
|
90,91%
|
ELECTRICIDAD
|
99,55%
|
Durante las últimas administraciones municipales se ha adolecido
de falta de planificación, y de una
pobre y limitada visión de ciudad. Se ha realizado grandes obras, con gigantes
presupuestos, como monumentos a la memoria del alcalde de turno, ya que son obras
que benefician a estratos acomodados (generalmente obras viales,
intercambiadores, túneles para usuarios de transporte privado). Los
beneficiarios no han sido las mayorías.
Como muestra, basta con hacer un ejercicio presupuestario en el tema de
transporte y movilidad: ¿cuánto se ha
invertido para la construcción de autopistas, carreteras y
vías para vehículos, y cuánto para mejorar la seguridad peatonal y el acceso a
transporte colectivo?
En Quito hay una crisis de propuestas urbanas desde la clase política, desde los partidos, en cuanto no han sabido cumplir su rol de intermediadores entre el Estado y la sociedad. La obra pública ha respondido a cálculos electorales más que a un ejercicio participativo de priorización de demandas.
Asentamientos del sur y del norte, habitados por sectores populares, han sido el blanco de las administraciones más vinculadas a tendencias de izquierda, ya que se ha intervenido en el tema de legalización de barrios, la cual además es planteado como una estrategia de réditos electorales y conformación de clientelas. En las ciudades es más clara la tendencia de gobernar con permanentes intenciones electorales
La concreción de la política, en tanto servicio y construcción de ciudadanía y de lo público ha estado afectada en la ciudad de Quito por procesos de segregación tanto física como simbólica, privatización de espacios públicos y falta de planificación. En administraciones de la centro-derecha se contribuyó a la diferenciación sur/norte, en cuanto se invirtió con criterios estéticos en el norte de Quito, mientras el sur fue dejado de lado; el único nexo entre ambos mundos fue la creación del Trolebús.
En la anterior administración, vinculada a la izquierda progresista, hubo inversión en temas de regeneración urbana (soterramiento, bulevares), que se promocionaron como recuperación de espacio público; sin embargo, fue evidente la escasez de políticas urbanas estructurales y de educación ciudadana. Desde la sociedad civil se generaron varias propuestas, pero la participación a colectivos se limitó o fue cooptada; la agenda desde los nuevos movimientos urbanos no ha sido aún del todo acogida o asimilada por los partidos y autoridades de turno.
¿Qué tiene para ofrecer una tendencia de izquierda progresista a nivel urbano? Propuesta de acciones.
a) vivienda: legalización, no especulación del suelo, dotación de servicios básicos, arriendos justos
b) transporte digno y solidario, movilidad segura, accesibilidad
c) comercio popular y solidario, reactivación para el empleo
d) espacio público de calidad: seguridad ciudadana, vida cultural, infraestructura segura para grupos de atención prioritaria y mayorías
e) educación permanente en formación política y ciudadanía, y sus valores fundamentales: solidaridad, respeto, igualdad, equidad, justicia
f) fortalecimiento inclusivo de la sociedad civil: sectores populares y clases medias, gremios profesionales, empresariales, para una construcción colectiva de ciudad
En Quito hay una crisis de propuestas urbanas desde la clase política, desde los partidos, en cuanto no han sabido cumplir su rol de intermediadores entre el Estado y la sociedad. La obra pública ha respondido a cálculos electorales más que a un ejercicio participativo de priorización de demandas.
Asentamientos del sur y del norte, habitados por sectores populares, han sido el blanco de las administraciones más vinculadas a tendencias de izquierda, ya que se ha intervenido en el tema de legalización de barrios, la cual además es planteado como una estrategia de réditos electorales y conformación de clientelas. En las ciudades es más clara la tendencia de gobernar con permanentes intenciones electorales
La concreción de la política, en tanto servicio y construcción de ciudadanía y de lo público ha estado afectada en la ciudad de Quito por procesos de segregación tanto física como simbólica, privatización de espacios públicos y falta de planificación. En administraciones de la centro-derecha se contribuyó a la diferenciación sur/norte, en cuanto se invirtió con criterios estéticos en el norte de Quito, mientras el sur fue dejado de lado; el único nexo entre ambos mundos fue la creación del Trolebús.
En la anterior administración, vinculada a la izquierda progresista, hubo inversión en temas de regeneración urbana (soterramiento, bulevares), que se promocionaron como recuperación de espacio público; sin embargo, fue evidente la escasez de políticas urbanas estructurales y de educación ciudadana. Desde la sociedad civil se generaron varias propuestas, pero la participación a colectivos se limitó o fue cooptada; la agenda desde los nuevos movimientos urbanos no ha sido aún del todo acogida o asimilada por los partidos y autoridades de turno.
¿Qué tiene para ofrecer una tendencia de izquierda progresista a nivel urbano? Propuesta de acciones.
- Es fundamental dar paso a nuevos temas de la agenda urbana, algunos de ellos de urgente tratamiento, que permitan racionalizar, estatizar y centralizar la producción de ciudad. Proponemos:
a) vivienda: legalización, no especulación del suelo, dotación de servicios básicos, arriendos justos
b) transporte digno y solidario, movilidad segura, accesibilidad
c) comercio popular y solidario, reactivación para el empleo
d) espacio público de calidad: seguridad ciudadana, vida cultural, infraestructura segura para grupos de atención prioritaria y mayorías
e) educación permanente en formación política y ciudadanía, y sus valores fundamentales: solidaridad, respeto, igualdad, equidad, justicia
f) fortalecimiento inclusivo de la sociedad civil: sectores populares y clases medias, gremios profesionales, empresariales, para una construcción colectiva de ciudad
- Para gobernar anticipando lo popular se debería priorizar temas como la vivienda, las tarifas de servicios, el transporte. Es imprescindible para la izquierda articular un discurso que se arme desde los territorios, de modo que lo local alimente la creación de un movimiento nacional de izquierda.
- Los ejes transversales de una propuesta urbana podrían incluir: énfasis en la construcción del hábitat sostenible para el mejoramiento de la calidad de vida, y el cogobierno con la ciudadanía. Esto es posible desde la implantación de mecanismos reales de participación.
- Para su ejercicio, se debe retomar el establecimiento del presupuesto participativo, gestionado desde las organizaciones de base, temáticas y la ciudadanía. Las prácticas participativas deben significar un cambio efectivo, real, en las relaciones de poder, en cuanto al acceso para la toma de decisiones de parte de actores que tradicionalmente no son escuchados.
- Una ciudad inclusiva debe darle nuevos significados a lo público. Se debe revisar el funcionamiento de la institucionalidad municipal, en la que la participación también tenga un rol protagónico. Por otra parte, se debe planificar sin descuidar las esferas físicas, sociales, identitarias.
- Otro elemento fundamental para convertir a Quito en una ciudad inclusiva es jerarquizar los servicios de acuerdo a las necesidades de los diversos grupos sociales de la ciudad. El reconocimiento de mayorías, (usuarios de transporte colectivo, jóvenes, etc), permitiría que las políticas públicas destinen presupuesto que se concrete en obras reales.
- Priorizar lo mayoritario sobre lo corporativo: los acuerdos con los transportistas, por ejemplo, son indispensables para frenar su poder excesivo sobre las autoridades de turno. De igual modo, las restricciones para los automóviles livianos no deben estar sujetas a ofertas de campaña: una nueva agenda debe pensar en las alternativas de movilidad que favorezcan a la mayoría y dignifiquen sus condiciones.
- De ahí, la suprema importancia de una voluntad política firme para emprender procesos participativos, y para la toma de decisiones sin las amenazas gremiales. El concejo tiene un rol fundamental para estos cometidos, por lo que es imprescindible restarle poder a las empresas que actualmente actúan casi con autonomía en el gobierno local.
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