Todos somos
peatones: derecho a la ciudad, derecho a
la vida. Peatones, animales, y
posibilidades de lo urbano.*
Decidimos construir una nueva forma de
convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar
el buen vivir, el sumak kawsay (Preámbulo Const. 2008)
En el año 2005 ideamos un superhéroe peatonal, quien inicialmente se llamó
“Capitán Zapato”, cuyo nombre quería mostrar nuestra identidad pero también
una crítica a las llamadas “campañas de shock” y de corazones pintados que
emprendió desde la policía su cuasi homónimo,
al que ustedes conocen. Fundamos
el “Ejército
Zapatista para la Liberación de las Veredas”, y presentamos nuestro manifiesto en
video por Youtube. Esta posición trascendió fronteras, y por medio de este
video, y acciones anti-automóvil nos llegaron a conocer en México, país en el
que iniciaron bajo estas influencias sus propias luchas peatonales.
En este mismo período, y convencidos de
que los cambios necesitan de activistas, pero también de que hay que perderle
el miedo a la política y darle su sentido de servicio, propusimos y generamos
varias modificaciones a marcos normativos, ordenanzas, reglamentos, vinculados
al espacio público y la movilidad. Conseguimos
que las multas por
estacionamiento en veredas se aumenten radicalmente, y que se retiren
los carros con grúas, tanto insistiendo por cambios a las ordenanzas como con
una campaña ciudadana masiva en las calles, con la pega de adhesivos en los
parabrisas de los irrespetuosos infractores, por la cual recibimos hasta
amenazas particulares; propusimos la celebración de la Semana de la Movilidad y el Día sin
Carro, que actualmente son políticas públicas municipales, que si bien han
perdido el impulso inicial, han quedado en manos de nuevas generaciones,
organizaciones que han tomado la posta de estas propuestas con su sentido
inicial, que sean ciudadanas e independientes de cualquier posición politiquera.
Con una amplia presencia en medios de comunicación, visibilizamos
al peatón, lo posicionamos para impedir que procedan las multas por “cruce
indebido” en las calles de nuestra ciudad, y a nivel nacional, cuando se quería
sancionar al peatón y etiquetarlo como “imprudente”. Valga, por cierto, la oportunidad para
contarles que este apelativo tiene sus orígenes en los años 40 en nuestra ciudad, desde estos años
se pretendió que el automóvil reine como amo y señor de las calles, de una
ciudad que se fue construyendo según el parque automotor y sus necesidades de
espacio, que nos fue segregando a los que caminamos y arrinconándonos en veredas estrechas, llenas de
huecos o inexistentes.
Nuestra influencia nos hace sentirnos
como una organización “madre” de algunos procesos, sobre todo fuera del
Ecuador. Presentamos en el año 2011
nuestras luchas en un evento mundial de la red anti-automóvil, la Car Free Network, convocado en
México, siendo la única organización de peatones presente y la única activa
en ese momento en Latinoamérica. Hoy,
este hermano país tiene la mayor organización de colectivos peatonales, y hasta
sus propios
superhéroes, encabezados por Peatónito, colega y amigo. Otros superhéroes peatonales han surgido en
Latinoamérica, con quienes tuvimos el gusto de compartir con su visita por los foros
sucedidos el año anterior en Quito.
También hemos asesorado procesos internacionales en Chile, Perú, Uruguay
y Brasil.
Nuestra lucha es política. El automóvil no es visto como una máquina útil, sino
como un dador de estatus: si no te mueves en carro eres un loser, no lo lograste, te codeas con longos en los buses, longos que apestan, que te roban. La inversión pública urbana se destina a
infraestructura millonaria para el vehículo motorizado. Pero los peatones somos mayoría, y construir
bulevares ha sido todo lo que se ha hecho en favor del peatón en las dos
últimas alcaldías.
Queremos reivindicar el orgullo de caminar, y exigimos
condiciones dignas y seguras para hacerlo.
Porque, en algún momento del día, todos
somos peatones.
Peatones: animales que caminamos. Animales.
Todos quienes vivimos en la ciudad
tenemos derecho a ella. Todos. Todos los animales que caminamos la ciudad
queremos seguir vivos. Cruzar una calle
puede ser el límite para vivir, o tener nuestros cuerpos completos.
Las calles son trampas mortales para
los más indefensos. Por eso, los expertos en urbanismo y movilidad nos hablan
de que cuando una
ciudad es segura para los niños, es segura para todos. Le añadiríamos algo más: cuando una ciudad es
segura para niños y animales no humanos, es ideal para todos.
A
veces no resulta evidente la situación de
vulnerabilidad que supone el hecho o la práctica de ser peatón. Uno se expone
al clima, a la mala calidad del aire, al pésimo estado de las veredas, y a la
agresión de quienes utilizan cualquier tipo de vehículo para movilizarse; por no
mencionar peligros relacionados con la delincuencia, la basura, el ruido y los
malos olores, etc., que no son para nada un mal menor.
Quienes
tenemos el buen hábito de caminar, no solo hacemos ejercicio, sino que podemos
observar como mayor detalle, tanto la triste realidad del estado de calles,
parques, plazas y veredas, así como la violación de la normativa de movilidad
urbana, a cada momento y en todo lugar. Somos testigos de la existencia de una
realidad en la que en la práctica cotidiana, las leyes de movilidad no se
cumplen o lo hacen parcialmente, vulnerando aún más a quienes ya son
vulnerables.
La Constitución
ampara una concepción integral de los derechos, buscando con ello profundizar
las relaciones entre las personas en relación a la protección de los más
vulnerables. Más aún, el reconocimiento de la
naturaleza como sujeto de derechos, se añade a esta concepción.
Actualmente,
algunos pensadores de la “Deep Ecology” preconizan una comprensión de la
naturaleza como fuente de toda racionalidad y de todo valor: no es la tierra la que pertenece al
hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre deja de ser
la medida de todas las cosas, la medida se extiende al universo entero,
ensanchando el círculo. En tanto que elemento de ese conjunto vivo, cada
especie, cada paisaje, cada proceso posee un valor intrínseco, lo que desde el
punto de vista jurídico supone el reconocimiento de una personalidad y, como
tal, la existencia de derechos subjetivos.
De
hecho, en varias legislaciones europeas y municipios de EEUU, han abordado
normativamente las preocupaciones sobre la protección de la naturaleza, desde
la protección de una especie hasta la de objetos mucho más abstractos y
globalizadores, como el clima, la biodiversidad, el patrimonio genético o la
capa de ozono, donde la fórmula “respeto a la vida” se convierte en el núcleo central de toda reflexión, llevándonos a la
necesidad de repensar las relaciones teóricas, normativas y prácticas entre la
naturaleza y el ser humano.
Los
animales, en particular la fauna urbana, constituyen un elemento central que
armoniza nuestra vida y cuya garantía debe incluirse en la forma en que se
piensa la organización y adaptación del espacio público, así como en las
relaciones sociales y socioambientales. En tal sentido, nuestra organización apela
a la necesidad de plantear comunidades sustentadas en relaciones de cooperación
e intercambio sostenido entre plantas, animales y seres humanos, y que, a su
vez, garanticen la regeneración de los ciclos vitales. Los animales, por irresponsabilidad humana,
han sido condenados a vagar propensos a una serie de peligros, lo cual atenta contra
la dignidad de la vida, contra la armonía que le da sentido, además de resultar
también un problema para la propia humanidad cuando hay falta de control
(higiene, enfermedades, etc).
Si
imaginamos ciudades diseñadas para la vialidad peatonal digna, se puede
advertir que tal posibilidad remedia también el fatal destino de animales, y
con ello, el de toda la sociedad. Se trata de racionalizar el uso del espacio y
del transporte, en virtud de mejorar la calidad de vida de todos quienes
compartimos la urbe.
Finalmente, quisiéramos
aportar con propuestas para cambiar las condiciones de la ciudad, de manera que
sea incluyente para todos:
Educación ciudadana,
basada en el respeto a la vida, con una visión que no privilegie al humano sobre el resto
de especies animales, que provenga tanto desde el hogar como en las
escuelas. Las campañas de educación
deben empezar por los niños, quienes son los mejores educadores de sus
padres. La educación además debería
tener como enfoque esencial la equidad social, el ser sobre el tener, lo que
implicaría el dejar de lado la añoranza de llegar a poseer un vehículo para ser
una persona respetada, y priorizar el
respeto al resto por sobre las poses sociales.
Ejes transversales en
los diseños de políticas públicas: si bien hay avances en el tema de la fauna urbana,
la acción de recoger animales atropellados ya muertos nos recuerda a aquella
estrategia de pintar corazones donde ya hubo un humano muerto. A llorar sobre el difunto: como dice una
canción popular, “en vida que me quisieras, de muerto ya para qué”. La movilidad debe incluir el componente
prioritario de seguridad en el tránsito peatonal, incluyendo a los peatones de
cuatro patas, que priorice la prevención.
Pero no desde atacar al peatón
imprudente, o al perro imprudente.
La velocidad y la fuerza de la máquina permite que en el duelo con el
humano siempre lleve las de ganar. El
respeto por la normativa de tránsito, límites de velocidad, lugares de cruce
permitirá la reducción de muertes en las vías.
Campañas permanentes
desde las OSC: no
podemos responsabilizar a las autoridades por todos los cambios que son
necesarios en nuestra sociedad. Quienes
estamos sensibilizados por estas problemáticas debemos procurar enviar mensajes
constantes sobre el respeto y el valor de la vida de los animales. Si bien los escasos recursos económicos son
un problema que todos quienes hacemos activismo conocemos, la incidencia por medio
de las redes sociales virtuales es una estrategia disponible para generar
conciencia crítica y promover redes reales, generadoras de acciones de cambio.
Veedurías permanentes: exigir acreditaciones
para ciudadanos veedores, en el tema de movilidad con respecto al respeto por
la señalización y las normas, límites de velocidad y respeto a las zonas de
cruce.


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