jueves, 26 de octubre de 2017

Todos somos peatones: derecho a la ciudad,  derecho a la vidaPeatones, animales, y posibilidades de lo urbano.*

Decidimos construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay (Preámbulo Const. 2008)

La APQ es una organización fundada por peatones. Peatones indignados que caminábamos todos los días por veredas invadidas por vehículos, que cruzamos por pasos cebra ante los cuales ningún carro se detiene para permitirnos el paso como establecen las leyes, que respiramos veneno de autos, buses y motos a cada paso que damos, que debemos escuchar pitazos e insultos para que “nos movamos” cuando estamos cruzando una calle, obligados a cederle el paso al vehículo motorizado que no se detiene para hacer lo propio, por nuestra condición de actores urbanos prioritarios y desprotegidos por un chasis y un motor, y  hasta nos vemos obligados a cederle el paso a bicicletas que van por las veredas compartidas, propuestas y diseñadas de este modo por técnicos que nunca caminan.

En el año 2005  ideamos un superhéroe peatonal, quien inicialmente se llamó “Capitán Zapato”, cuyo nombre quería mostrar nuestra identidad pero también una crítica a las llamadas “campañas de shock” y de corazones pintados que emprendió desde la policía su cuasi homónimo,  al que ustedes conocen.  Fundamos el “Ejército Zapatista para la Liberación de las Veredas”, y presentamos nuestro manifiesto en video por Youtube.  Esta posición  trascendió fronteras, y por medio de este video, y acciones anti-automóvil nos llegaron a conocer en México, país en el que iniciaron bajo estas influencias sus propias luchas peatonales.

Entre el 2006 y el 2009 impulsamos una campaña permanente para reducir el uso excesivo, irresponsable, irracional del automóvil particular en Quito.  Logramos producir varios documentos educativos y lúdicos, convocamos a participar en concursos para pensar al peatón, e incluso mantuvimos un programa radial en la desaparecida y mitológica radio “La Luna”, llamado en sus inicios “A Patazo” y posteriormente “Radio Peatón”, con la conformación jurídica de la APQ en el 2008.  También, el superhéroe desertó de su grado policial,  y presentamos al mundo a “Peatón Man”, defensor y protector del peatón.  Este personaje inspiró a las luchas peatonales al otro lado del mar, donde los Peatones de Sevilla lo presentaron a la Unión Europea en la forma de un cómic, en el que estos primer mundistas solicitan a Quito su presencia para educar a los conductores. 

En este mismo período, y convencidos de que los cambios necesitan de activistas, pero también de que hay que perderle el miedo a la política y darle su sentido de servicio, propusimos y generamos varias modificaciones a marcos normativos, ordenanzas, reglamentos, vinculados al espacio público y la movilidad.  Conseguimos que las multas por estacionamiento en veredas se aumenten radicalmente, y que se retiren los carros con grúas, tanto insistiendo por cambios a las ordenanzas como con una campaña ciudadana masiva en las calles, con la pega de adhesivos en los parabrisas de los irrespetuosos infractores, por la cual recibimos hasta amenazas particulares; propusimos la celebración de la Semana de la Movilidad y el Día sin Carro, que actualmente son políticas públicas municipales, que si bien han perdido el impulso inicial, han quedado en manos de nuevas generaciones, organizaciones que han tomado la posta de estas propuestas con su sentido inicial, que sean ciudadanas e independientes de cualquier posición politiquera. 

Con una amplia presencia en medios de comunicación, visibilizamos al peatón, lo posicionamos para impedir que procedan las multas por “cruce indebido” en las calles de nuestra ciudad, y a nivel nacional, cuando se quería sancionar al peatón y etiquetarlo como “imprudente”.  Valga, por cierto, la oportunidad para contarles que este apelativo tiene sus orígenes en los años 40 en nuestra ciudad, desde estos años se pretendió que el automóvil reine como amo y señor de las calles, de una ciudad que se fue construyendo según el parque automotor y sus necesidades de espacio, que nos fue segregando a los que caminamos y arrinconándonos en veredas estrechas, llenas de huecos o inexistentes.

Nuestra influencia nos hace sentirnos como una organización “madre” de algunos procesos, sobre todo fuera del Ecuador.  Presentamos en el año 2011 nuestras luchas en un evento mundial de la red anti-automóvil, la Car Free Network, convocado en México, siendo la única organización de peatones presente y la única activa en ese momento en Latinoamérica.  Hoy, este hermano país tiene la mayor organización de colectivos peatonales, y hasta sus propios superhéroes, encabezados por Peatónito, colega y amigo.  Otros superhéroes peatonales han surgido en Latinoamérica, con quienes tuvimos el gusto de compartir con su visita por los foros sucedidos el año anterior en Quito.  También hemos asesorado procesos internacionales en Chile, Perú, Uruguay y Brasil.  



Nuestra lucha es política.  El automóvil no es visto como una máquina útil, sino como un dador de estatus: si no te mueves en carro eres un loser, no lo lograste, te codeas con longos en los buses, longos que apestan, que te roban.  La inversión pública urbana se destina a infraestructura millonaria para el vehículo motorizado.  Pero los peatones somos mayoría, y construir bulevares ha sido todo lo que se ha hecho en favor del peatón en las dos últimas alcaldías. 

Queremos reivindicar el orgullo de caminar, y exigimos condiciones dignas y seguras para hacerlo. 

Porque, en algún momento del día, todos somos peatones. 

Peatones: animales que caminamos.  Animales.

Todos quienes vivimos en la ciudad tenemos derecho a ella. Todos. Todos los animales que caminamos la ciudad queremos seguir vivos.  Cruzar una calle puede ser el límite para vivir, o tener nuestros cuerpos completos.
Las calles son trampas mortales para los más indefensos. Por eso, los expertos en urbanismo y movilidad nos hablan de que cuando una ciudad es segura para los niños, es segura para todos.  Le añadiríamos algo más: cuando una ciudad es segura para niños y animales no humanos, es ideal para todos.

A veces  no resulta evidente la situación de vulnerabilidad que supone el hecho o la práctica de ser peatón. Uno se expone al clima, a la mala calidad del aire, al pésimo estado de las veredas, y a la agresión de quienes utilizan cualquier tipo de vehículo para movilizarse; por no mencionar peligros relacionados con la delincuencia, la basura, el ruido y los malos olores, etc., que no son para nada un mal menor.

Quienes tenemos el buen hábito de caminar, no solo hacemos ejercicio, sino que podemos observar como mayor detalle, tanto la triste realidad del estado de calles, parques, plazas y veredas, así como la violación de la normativa de movilidad urbana, a cada momento y en todo lugar. Somos testigos de la existencia de una realidad en la que en la práctica cotidiana, las leyes de movilidad no se cumplen o lo hacen parcialmente, vulnerando aún más a quienes ya son vulnerables.

La Constitución ampara una concepción integral de los derechos, buscando con ello profundizar las relaciones entre las personas en relación a la protección de los más vulnerables. Más aún, el reconocimiento de la naturaleza como sujeto de derechos, se añade a esta concepción.

Actualmente, algunos pensadores de la “Deep Ecology” preconizan una comprensión de la naturaleza como fuente de toda racionalidad y de todo valor: no es la tierra la que pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre deja de ser la medida de todas las cosas, la medida se extiende al universo entero, ensanchando el círculo. En tanto que elemento de ese conjunto vivo, cada especie, cada paisaje, cada proceso posee un valor intrínseco, lo que desde el punto de vista jurídico supone el reconocimiento de una personalidad y, como tal, la existencia de derechos subjetivos. 

De hecho, en varias legislaciones europeas y municipios de EEUU, han abordado normativamente las preocupaciones sobre la protección de la naturaleza, desde la protección de una especie hasta la de objetos mucho más abstractos y globalizadores, como el clima, la biodiversidad, el patrimonio genético o la capa de ozono, donde la fórmula “respeto a la vida” se convierte en el núcleo central de toda reflexión, llevándonos a la necesidad de repensar las relaciones teóricas, normativas y prácticas entre la naturaleza y el ser humano.

Los animales, en particular la fauna urbana, constituyen un elemento central que armoniza nuestra vida y cuya garantía debe incluirse en la forma en que se piensa la organización y adaptación del espacio público, así como en las relaciones sociales y socioambientales. En tal sentido, nuestra organización apela a la necesidad de plantear comunidades sustentadas en relaciones de cooperación e intercambio sostenido entre plantas, animales y seres humanos, y que, a su vez, garanticen la regeneración de los ciclos vitales. Los animales, por irresponsabilidad humana, han sido condenados a vagar propensos a una serie de peligros, lo cual atenta contra la dignidad de la vida, contra la armonía que le da sentido, además de resultar también un problema para la propia humanidad cuando hay falta de control (higiene, enfermedades, etc).

Si imaginamos ciudades diseñadas para la vialidad peatonal digna, se puede advertir que tal posibilidad remedia también el fatal destino de animales, y con ello, el de toda la sociedad. Se trata de racionalizar el uso del espacio y del transporte, en virtud de mejorar la calidad de vida de todos quienes compartimos la urbe.

Finalmente, quisiéramos aportar con propuestas para cambiar las condiciones de la ciudad, de manera que sea incluyente para todos:

Educación ciudadana, basada en el respeto a la vida, con una visión que no privilegie al humano sobre el resto de especies animales, que provenga tanto desde el hogar como en las escuelas.  Las campañas de educación deben empezar por los niños, quienes son los mejores educadores de sus padres.  La educación además debería tener como enfoque esencial la equidad social, el ser sobre el tener, lo que implicaría el dejar de lado la añoranza de llegar a poseer un vehículo para ser una persona respetada, y  priorizar el respeto al resto por sobre las poses sociales.

Ejes transversales en los diseños de políticas públicas: si bien hay avances en el tema de la fauna urbana, la acción de recoger animales atropellados ya muertos nos recuerda a aquella estrategia de pintar corazones donde ya hubo un humano muerto.  A llorar sobre el difunto: como dice una canción popular, “en vida que me quisieras, de muerto ya para qué”.  La movilidad debe incluir el componente prioritario de seguridad en el tránsito peatonal, incluyendo a los peatones de cuatro patas, que priorice la prevención.  Pero no desde atacar al peatón  imprudente, o al perro imprudente.  La velocidad y la fuerza de la máquina permite que en el duelo con el humano siempre lleve las de ganar.  El respeto por la normativa de tránsito, límites de velocidad, lugares de cruce permitirá la reducción de muertes en las vías.

Campañas permanentes desde las OSC: no podemos responsabilizar a las autoridades por todos los cambios que son necesarios en nuestra sociedad.  Quienes estamos sensibilizados por estas problemáticas debemos procurar enviar mensajes constantes sobre el respeto y el valor de la vida de los animales.  Si bien los escasos recursos económicos son un problema que todos quienes hacemos activismo conocemos, la incidencia por medio de las redes sociales virtuales es una estrategia disponible para generar conciencia crítica y promover redes reales, generadoras de acciones de cambio.

Veedurías permanentes: exigir acreditaciones para ciudadanos veedores, en el tema de movilidad con respecto al respeto por la señalización y las normas, límites de velocidad y respeto a las zonas de cruce.

 





No hay comentarios.:

Publicar un comentario