martes, 11 de octubre de 2016

Hábitat III: ¿resistencia, radicalismo, o concurso de egos?

En los próximos días en Quito se realizará la cumbre "Habitat III".  No creo que sea necesario describir lo que es, porque además hay suficiente información en redes y medios de comunicación.  Se han invertido millones para la organización del evento (desde el gobierno nacional y el municipio local), se han modificado varias estructuras urbanas (incluso irrespetando símbolos y monumentos con altísimo valor histórico y emocional), se maquilla el área cercana a la sede, y se "civiliza" a la ciudad.

Como evento oficial, es decir, organizado y convocado desde organismos internacionales y el propio gobierno nacional, ha inspirado a varios detractores.  Perdida, como ando últimamente, me llamó la atención hace ya varios meses cuando me enteré del evento "resistencia al Habitat III".  Luego, desde esferas más académicas se lanzó el "Habitat alternativo".  Me pregunto y sigo esperando cuántos más vendrán.  Y mi reflexión tiene un sentido curioso y crítico.

Antes de lanzarla, vale aclarar mi compromiso racional y afectivo con la causa peatonal.  Desde hace más de 10 años trabajo con la Asociación de Peatones de Quito, una organización de la sociedad civil, con la que se ha impulsado un cambio de cabeza sobre los temas urbanos, y cuya influencia salió del Ecuador para inspirar a grupos ciudadanos en varios otros países,  envalentonando a sus propios peatones y presionando por mejores condiciones de movilidad.

Para el tema de Habitat III, nos apuntamos a una instalación temporal para generar impacto sobre las condiciones de los peatones en Quito.  Escogimos un lugar realmente conflictivo, pero resultó que era tanto que no convenía a que se visibilice.  Nos asignaron una calle en la que no hay mayor problema, así que nos retiramos.  Para los otros eventos, ni lo hemos intentado, porque no formamos parte ni de los unos ni de los otros, aparentemente.  Claro, comprensible desde las lógicas locales de "si no estás conmigo, estás en mi contra", o "si no eres mi amigo (me das la razón en todo), entonces no estás invitado a mi fiesta".

Entonces, vuelvo a la reflexión desde mi lectura, de las situaciones que se están presentando:

1. Si me opongo a Habitat III, me incluyo en el evento y muestro mi desacuerdo.  ERROR: creo mi propio Habitat-algo (al más puro estilo Bender).  Porque, claro, no estoy ni con los unos, ni con los otros: YO SÉ MÁS Y SÉ CÓMO RESOLVER LAS CRISIS URBANAS.  Porque soy un activista, o soy un académico, o toda la vida he trabajado oponiéndome a todo, sin proponer nada, pero bien me ha ido, sigo teniendo trabajo.

2. Si mi experiencia viene desde las organizaciones o desde mis prácticas académicas, voy a buscar un espacio para mostrarla en el magnísimo evento oficial.  ERROR: voy a oponerme ciegamente al evento, porque hace 40 años los resultados de la edición anterior no aportaron con mucho a la situación de las ciudades, entonces estoy segurísimo de que volverá a pasar lo mismo.  Nivel de optimismo: cero.  Y de algún modo comparto esta parte final. No soy creyente de los foros y talleres para lograr grandes cambios.

3. Si no logré incorporarme a la agenda del evento oficial, organizaré plantones, contactaré con medios de comunicación para dar cuenta de ese descole, y así lograr que mis puntos sean escuchados.  ERROR: como tengo que demostrarme como un ser todopoderoso, ni siquiera lo intento.  Volvemos al punto 2, creo mi evento e invito a mis compadres.

Y así.
Hasta el momento son tres los eventos habitat-algo.  Quisiera creer que tras las palabras "resistencia", "alternativo", "organizaciones" hay condumio.  Que arrojarán, los tres eventos, resultados y PRÁCTICAS concretas.  Cambios de actitud, obras definitivas para mejorar la seguridad peatonal y las condiciones urbanas.

Tristemente, y al estilo local, creo que cada división es un concurso de egos inflados. He dejado de creer en intereses altruistas cuando los mismos personajes de siempre están tras los eventos, tanto el oficial como los paralelos: amigos, panas, compadres, o los siempre vigentes lamedores de suelas, repartiéndose los cinco minutos de fama y los frutos probables de los resultados (consultorías, proyectos, etc).

Así funciona, ¿cierto? ¿Nos unimos o nos quedamos fuera?